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"House" concluye tras ocho temporadas llenas de sarcasmos y dolor


El último episodio emitido anoche en EE.UU. respondió la pregunta que el propio Hugh Laurie había planteado: ¿el irritable médico escogerá la vida o la muerte?

Nueva York | Emol

¿Cuál sería el destino final del Dr. Gregory House? ¿Qué pasaría con el héroe cascarrabias del popular drama médico televisivo? ¿Repararía las heridas que dejó en otras personas o terminaría todo autodestruyéndose?

Aquel era el misterio que "House" asumió en su último capítulo emitido anoche en Estados Unidos. En una entrevista reciente, el protagonista Hugh Laurie se limitó a comentar sobre el final, que llevaría a House al borde de un precipicio que demoró ocho años en construirse. "¿Dará un paso adelante o un paso atrás? ¿Es la vida o es la muerte?", dijo Laurie. Los espectadores debaten si hubo una respuesta satisfactoria en el gran final tras ocho años de la serie.

*** AVISO: A continuación se describe en detalle el último capítulo de la serie. Si usted no quiere conocer el final, no continúe leyendo el texto. ***

El último episodio comenzó con el típico ejemplo de las "maneras" que siempre usó House para atender a sus pacientes. "Tuve un accidente de tránsito hace un mes", le decía el hombre, a lo que House responde: "Yo gané un trofeo de natación en la escuela. Tú turno".

Este encuentro en el hospital da paso a una alucinación de House. Parecía estar en una fábrica inhóspita y abandonada, con fuego cercándolo y con el mismo paciente de la primera escena tendido sin vida cerca suyo. Un típico ejemplo del surrealismo de la serie, al tiempo que, de forma intermitente durante el capítulo, House se debatía si intentar sobrevivir o resignarse a morir en el lugar, mientras que era "interrogado" por apariciones de personajes del pasado, varios de ellos muertos.

El desafío de House cuando comenzó el episodio era cómo evitar volver a la cárcel. La broma que hizo en el capítulo anterior lo amenazó con tener que cumplir una sentencia de seis meses, más tiempo que el que su único gran amigo, el doctor James Wilson (Robert Sean Leonard), tiene diagnosticado para vivir con su cáncer terminal. House está desesperado por poder compartir ese último tiempo de vida de Wilson y tras las rejas no podría hacerlo.

House era un brillante médico especialista en diagnósticos, afectado por una cojera, siempre usando un bastón, abriendo sus intimidantes ojos azules y desfilando con su adicción al Vicodin. Pero también era un maestro en el "arte" de la manipulación. ¿Podría ser capaz de crear un plan como para mantenerse en libertad, como persuadir a Wilson de que asuma la culpa de la broma que le costaría su regreso a prisión?

"Recordarás que estoy muriendo, ¿cierto?", le responde Wilson incrédulo ante la propuesta. "Es por eso que no pasarás un día en la cárcel", le responde House. "No quiero perder este tiempo contigo", agrega. Pero finalmente Wilson se niega. "Si hago esto, te estoy enseñando que el mal comportamiento siempre será premiado", le dice.

Al final, ¿puede House resolver el más grande de los puzzles? ¿El de su propia existencia?

"Todos los pacientes que he tenido, en 70 años, estarán tan muertos como Wilson", se queja House en su alucinación. "Todos mueren. No tiene sentido", añade.

Para entonces, otros se percatan de la inusual ausencia de House. Wilson y Eric Foreman, su jefe en el hospital Princeton-Plainsboro, temen que haya ocurrido lo peor: que el médico atormentado haya terminado con su propia vida.

Y por cierto el riesgo existía con el incendio que afectaba el lugar donde House llegó junto a su ex paciente, un adicto a la heroína, para drogarse, lo que terminó costándole la vida a este improvisado acompañante. Cuando Wilson y Foreman dan con el paradero de House, quien en medio de sus alucinaciones toma la decisión de vivir, observan la silueta de su amigo en medio de las llamas justo antes de una explosión. Su cuerpo es retirado del lugar pocas horas después y, ya que se encontraba totalmente quemado, es identificado por especialistas en la morgue.

Un funeral, donde aparecen diversos personajes que estuvieron en la serie años anteriores, se desarrolla en su honor. "Él era un curador", comienza Wilson su sermón, pero las alabanzas se acaban rápido y la amargura lo atrapa y cambia el tono... "House era un idiota. Decía estar en una heroica aventura por la verdad. Pero la verdad es que era un imbécil amargado, que disfrutaba haciendo miserable la vida de los demás. Y lo probó al morir de forma egoísta, dormido por las drogas, sin pensar en nadie", añade.

Pero al emitir este último comentario, es interrumpido por un mensaje de texto que llega a su teléfono. "Cállate, idiota", alguien le escribe.

Wilson se retira rápidamente y se sorprende al encontrar a House sano y salvo (al menos para sus estándares), sentado en las escalinatas de su edificio. Le explica sin más detalles que escapó por la parte de atrás del edificio y cambió los registros dentales con los del paciente que había muerto por sobredosis, cuyo cuerpo fue el que se recuperó e "identificó".

"Estoy muerto, Wilson", le dice a su atónito amigo. "¿Cómo quieres pasar tus últimos cinco meses?", le pregunta. Su amigo no emite una palabra, pero lo dice todo esbozando una leve sonrisa.

En la última escena se observa a ambos en un puente en medio de la nada a bordo de dos motocicletas. "Cuando el cáncer se comience a poner peor...", le comienza a advertir Wilson, pero House de inmediato le corta su discurso. "El cáncer es aburrido", le responde, en las últimas palabras que el doctor emite en toda la serie. Ambos arrancan sus vehículos y se van a un destino desconocido.

Para House, el aburrimiento siempre fue el estado menos tolerable de la vida. El final, el episodio 177 de la serie sirvió como recordatorio: House raramente lo era.

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