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El Principito, dos tiernas historias en una

El director de Kung Fu Panda y Bob Esponja supo trasladar la pureza de la historia y de los personajes de Saint-Exupéry


Esta es una película que nos ayuda a redescubrir una de las historias más entrañables de todos los tiempos. Del director Mark Osborne, nominado al Oscar por Kung Fu Panda, llega la adaptación cinematográfica animada de la obra maestra de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.


Ya sea de niño o adulto, quien haya tenido la dicha de leer El Principito habrá seguramente construido una relación afectiva única e irrepetible. Sabrá perfectamente qué frase le conmovió más y cuál le habrá servido de guía. Así que cualquier adaptación del libro de Antoine de Saint-Exupéry podrá, siempre, parecer ajena.


Pero no lejana. No, si precisamente lo que se hace es contar el libro desde la experiencia personal y única de quien narra.

Y eso es lo que ha hecho Mark Osborne. El director de Kung Fu Panda creó dos historias en una. La de la niña y la de El Principito, diferenciándolas entre sí de una manera muy original, pues ha puesto una dentro de la otra.


La historia principal narra la amistad entre una niña, a la que su madre obliga a crecer y a superarse, con un hombre que, ya anciano, mantiene el espíritu y la mirada de un niño. Como para comprender que las personalidades no varían de acuerdo a los años, sino a lo que uno mantiene fresco en su mente, en su corazón, en su espíritu.


A los pocos días de mudarse a su nueva casa, la niña conoce a su excéntrico vecino, que es un aviador aventurero quien dice haber conocido alguna vez a El Principito, cuando su avión se estrelló en un planeta lejano, y se topó con él.


La aventura de la niña y el aviador es presentada con la técnica moderna de animación por computadora a la que ya estamos acostumbrados, mientras que, todo lo que refiere al universo del principito fue realizado a través de la técnica de Stop Motion, que consiste en fotografiar cuadro por cuadro para aparentar el movimiento de objetos estáticos por medio de la sucesión de una serie de imágenes fijas, esta técnica se utilizó hace mucho tiempo en películas muy viejas, como en aquella versión original de King Kong del año 1933, por ejemplo.


Osborne ofrece una propuesta visualmente atractiva, fresca y llevadera, construida con ingenuidad y sencillez, como la versión en la que está basada. El inocente personaje que habla con zorros, boas, y suele hacernos reflexionar con sutil sabiduría a través de sus atinadas preguntas, en esta oportunidad así como en el libro, también medita sobre las relaciones humanas, el amor, la amistad, la transición de la infancia a la madurez, al mismo tiempo que, deja entrever una suerte de critica a algunos vicios de la civilización moderna, como la ambición, la búsqueda de productividad constante y la acumulación capitalista.


Otro acierto del film es la banda sonora producida por Hans Zimmer, el responsable de la música de películas como El Caballero Oscuro, Gladiador, Interestelar, El Rey León y Madagascar, entre otras, la cual sabe acompañar oportunamente la narración, creando una atmósfera de emoción y sorpresa, que le da fluidez al relato, al mismo tiempo que entretiene y, cuando lo se lo propone, logra hacernos conmover.


En definitiva, El Principito supera el desafío de representar a una obra muy anclada en la cultura, otorgándole vida a un personaje entrañable de la literatura infantil -y adulta- de la mano de una renovada y moderna adaptación del clásico infantil francés, sin dejar de ser fiel en lo esencial, pero con sello propio.


Y lo mejor, es posible que los chicos quieran zambullirse ellos mismos en la lectura del libro de Saint-Exupéry, y a los adultos pegarle una nueva ojeada no nos vendrá nada mal.

Curiosidad:

En español el personaje del aviador es interpretado por Manuel “El loco” Valdés, mientras que en inglés por Jeff Brifges


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